Soledad- Miedo- Reto- Superacion

 

“El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta”- Chalres Dickens

Me emociona mucho hablarte sobre el tema de este post. Te hablaré de algo muy personal, un sentimiento que arrastro desde siempre.
Me encanta la naturaleza, disfruto corriendo y caminando por las montañas y es algo que necesito, mucho, muchísimo (algún día tendré que averiguar de dónde viene esto….)
Pero muchas muchas veces no puedo saborearla porque me da miedo, pánico, salir sola por estos montes (pienso en los animales, en algún “animal humano” que me pueda asaltar o simplemente caerme y hacerme daño y no tener cobertura…). En fin, cuando me planteo salir sola, todo lo que haya podido ver en pelis y otras historias mentales que mi super imaginación pueda crear, todas ellas me van impactando en el cerebrito. En definitiva, no salgo.

Así que si no tengo compañía, no salgo. Vivo muchas veces esta frustración de ver un reportaje, un ascenso, unas fotos de alguien y pensar que a mí también me gustaría estar ahí. Incluso ir de viaje y ver el monte desde la ventana del coche y anhelar estar allí arriba. Es algo que siempre me ha frustrado y he tenido que aceptar.

Pero en el fondo, espera, espera, ¿es normal no poder disfrutar tus hobbies, vivir tus pasiones o hacer cualquier cosa que te haga sentir bien sólo por el mero hecho de hacerlo sola o por miedo?
No, en el fondo de mi ser, sé que no es así.

Estas vacaciones, rodeada de montañas y rutas bellísimas esta sensación se intensificó. Y sí, hubo un día en el que me armé de valor y decidí salir.
No creas que fue nada arriesgado jaja, ruta popular y conocidísima de trekking pero ¿y qué? No estamos hablando de ascender al Everest ni de ninguna gesta imposible; estamos hablando de las pequeñas cosas que, por lo que sea, nos dan miedo, paralizan y nos frustran. Para mí todo un reto.

Incluso cuando aún subía en el bus que me llevaba al punto de partida, tuve momentos de marcha atrás. Pensé: nada, sube haz la ruta fácil donde está todo el mundo y te bajas, que esto no es para ti…A ver si justo hoy…
Cuando bajé del bus, visualicé la ruta que era mi sueño. Una ruta retadora, dura, cuesta arriba y con unas vistas im-pre-sio-nan-tes. Dejé de pensar, conseguí que mi mente dejara de atormentarme. Y me lancé.
¡Me lancé!
¡Me lancé!
¡Me lancé!

Subía, ascendía, daba un paso, luego otro. Miraba el camino hacia delante. Echaba la vista atrás. Tenía todo tipo de sensaciones: oía ruidos, andaba rápido, muy rápido; luego paraba, y hacía fotos, qué maravilla, mis ojos se inundaban de pequeñas lágrimas, qué subidón. Tenía prisa por llegar a la parte “popular”, estaba incómoda; pero luego, paraba, admiraba el paisaje, inmóvil, paralizada por aquella belleza.
Te juro que el vaivén de sensaciones, la montaña ruta de mi mente era brutal.

Pero pude SENTIR, en el fondo de mi ser, como por esta vez me movía desde el estómago, desde el corazón y no desde la razón. Sí, mi imaginación y razón seguían ahí dando por saco pero la energía que tenía dentro, la fuerza que me movía, el disfrute, la vibración que cada paso me daba me hacían más fuerte, más orgullosa, sentía cada hoja que pisaba, cada piedra que oía caer abajo en el abismo de aquella cuesta…
Visto ahora desde la distancia, creo que en aquel momento me movía algo distinto. No era yo. Mi yo de siempre. Era mi yo auténtico, este animal disfrutón de la libertad de la montaña. No escuchaba, sentía.

Cuando alcancé el mirador, me puse a llorar. No de pena, no de emoción. Era orgullo. ¿Sabes lo que es sentirte orgullosa de algo que has hecho por ti misma? Estaba allí, había cumplido mi sueño de este día, me lo merecía. Estaba de vacaciones, estaba en la montaña, quería conocer la alta montaña y, ahí estaba yo!
Eufórica de sentirme parte de aquella montaña, de repente estaba conectada. No había miedo. Era un animal más. Pasaba un águila, podía pasar una hormiga. Estábamos compartiendo este medio tan brutal. Es más, era YO. No fingía, no pensaba, no analizaba, simplemente ERA. No te puedes imaginar lo bonita que es la naturaleza, nuestra naturaleza, creo que no hay belleza igual. No hubo más miedo, sólo energía.

Primera salida en solitario, reto, orgullo, superacion

Y luego me digo. ¿Cuántas cosas puedo dejar de hacer porque sólo me gustan a mí, porque no tengo compañía, porque pueden hablar mal de mí o no comprenderme, porque tengo miedo?

El miedo a la soledad seguirá estando allí pero hoy soy una mujer un poquiiito más fuerte que ayer. Me he vuelto a demostrar que puedo. Y sobretodo, he podido sentir quién es mi yo verdadero, qué energía me mueve.
Todavía no sé por qué la montaña me produce esta energía tan brutal.

Pero sí conozco y me reconozco que me la produce. Esto es lo importante. Conocerme. Y más importante aún, si me da esta energía, ¿la voy a dejar perder?

Puede parecerte una nimiez, quizás para ti es fácil poder salir a solas pero ¿quizás hay otras cosas que te dan miedo? Piénsalo. Cada uno es como es. Cada uno tiene unas fortalezas y unas debilidades.
Para mí ha sido superar este reto el que me ha hecho sentirme plena, llena, segura, conocerme un poco mejor. Barato no? ¿Cuál será tu próximo reto?

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